18/07/2008
Me voy de la NBA y jugaré en el Khimki ruso
Cuando comenzó la negociación de mi nuevo contrato
dejé un punto bien aclarado con mis agentes: en esta
semana de julio tomaría una decisión. Y esto tiene
que ver con mi compromiso y mis ganas de prepararme, disfrutar
y participar de la defensa del oro olímpico conseguido
en Atenas 2004. Estar en la Selección con un grupo fantástico
de jugadores siempre fue mi prioridad, mi objetivo central.
Y eso nunca estuvo en duda: yo voy a los Juegos.
A
partir de ahora viene la gira europea, la preparación
sin entrenamientos diferenciados y el momento de pensar solo
en defender la medalla dorada.
Al
terminar mi temporada en Toronto Raptors comenzaron a circular
versiones y comentarios acerca de varias ofertas posibles.
El 1º de julio se inició la ronda de negociaciones
en la NBA y las alternativas aparecieron, pero concreta y
oficialmente con el correr de las semanas quedaron solo dos
opciones en firme: Detroit Pistons de la NBA y el Khimki de
Rusia.
En
principio yo priorizaba quedarme en la NBA, capitalizar los
4 años de experiencia que ya acumulé y despegar
definitivamente con mi juego. Pero para eso quería
que mi nuevo equipo me respetara deportiva y económicamente.
Y no conseguí lo esperado. Detroit realizó una
buena oferta económica pero deportivamente no me garantizaba
tener los minutos de juego que yo pretendía. Yo quiero
jugar. Es lo que me hace feliz.
Paralelamente
insistían por mí los dirigentes rusos del Khimki.
Una oferta irresistible desde lo económico pero esencialmente
una oportunidad deportiva muy tentadora. Ser jugador franquicia
de un equipo europeo que pretende pelear los primeros puestos
en los próximos años, la oportunidad de jugar
muchos minutos durante toda la temporada, de sentirme importante
dentro de un gran equipo y pelear por objetivos muy altos
siendo un pilar de la estructura deportiva del club. El objetivo
es conseguir la Uleb Cup y de esa manera el año próximo
disputar la Euroliga. El Khimki pretende ser en el corto tiempo
una potencia basquetbolística de Europa. Y fue así
que me decidí.
Un
nuevo universo se abre. El desafío de desembarcar en
un país como Rusia y el placer de acomodarme a una
región del mundo que culturalmente nos resulta tan
lejana. Pero eso es lo lindo de esta profesión. La
posibilidad de interactuar, crecer y madurar conviviendo con
diferentes estilos de vida.
Ahora
sí, despejadas las dudas y terminadas las negociaciones
solo me queda espacio para pensar en la Selección.
Beijing es nuestro objetivo. Siempre estuve orgulloso de integrar
la Generación Dorada, y ese sentimiento no solo no
decae sino que se potencia día a día. El recambio
generacional genera incertidumbre en algunos, pero deben estar
muy tranquilos porque tenemos Selección para rato.
Tanto
los históricos como los más jóvenes sabemos
muy bien lo que debemos hacer ahora y en los próximos
años para mantener bien alto el prestigio de nuestra
Selección. Esperemos lograrlo. Es nuestro deseo.
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